1976. “Carta a Juan de América Latina”

Allá por 1976, un uruguayo viviendo en Weston, Ontario, Canadá, de nombre Leonidas Alemán, al frente de un tal “Uruguay-Spanish- Radio Clubs”, escribió un artículo que él llamó “Carta a Juan de América Latina”, como estímulo a quienes se iniciaran en el DX-ismo.

Leonidas, nació el 23 de enero de 1923 en la ciudad de Minas, Lavalleja, calle Colón 357… “Comencé como todos, a escuchar Ondas Cortas junto a mi “viejo” (el padre), que era un fanático con receptores construidos por el mismo, en las épocas casi del nacimiento de la radio. Mis juguetes eran lámparas, viejos parlantes, resistencias…”, cuenta en correspondencia personal al recordado DXista uruguayo ya fallecido Don Manuel Barcia, con quien era muy amigo. Recuerda también cuando sus paseos por el Norte (de Canadá), cuando “llevé la vieja Astrad (receptor de radio), me olvidé del cobre, (para la antena) y fabriqué flor de antena con alambre de “fierro” en la punta de dos pinos. Si vieras -prosigue- cómo se hamacaban con mi peso… pero ¡hasta los osos vinieron a hacer DXismo!”…

Leonidas Alemán y uno de sus hijos en Canadá. Foto enviada a Manuel Barcia (circa 1975). Al dorso se lee: "Charrúa que andás chumbiao, o está contento porque va a salir a cazar estaciones de Ondas Cortas". A la derecha, su hijo Darío, "también fanático de las Ondas Cortas y el mate amargo, cadete de la Marina Canadiense..." en el cuarto de radio. Obsérvesen los banderines, un manipulador telegráfico, el termo y el mate... y el receptor. (Colección Horacio Nigro, Uruguay)

Aún recuerdo su lectura a través del programa DX de Radio Canadá Internacional “Diexismo en Marcha”.  En ese momento, resultaba una convocatoria, una proclama para el pujante DXismo en America Latina, que vivió un florecimiento en la decada de los años 70. ¡Los clubes DX surgían como hongos!

Casualmente, tres personalidades uruguayas fueron fundamentales en ese período: Jorge Valdés, conductor del “Espacio DX-ista” (Radio Nederland), Ricardo García conductor de “DX-ismo en Marcha” (Radio Canadá) y este Leonidas Alemán, que siempre firmaba “Un loco con la antena al hombro”.

¡Plena de entrañable emoción y verdad!

A JUAN DE AMÉRICA LATINA

        Te escribo a tí, Juan, porque sé que estás dando tus primeros pasos en el DX-ismo. Sé que tienes un viejo receptor de dos bandas del cual estás orgulloso, una compadre antenita de “L” invertida que levantaste en la azotea de tu casa con dos cañas de bambú que curaste con sebo para que duraran más, y como no tenía aisladores le pusiste dos viejos cepillos de dientes que te dieron muy buen resultado.

        Tu me dices que no comprendes nada de bandas, frecuencias y metros. Y es muy fácil, Juan. Las ondas hertzianas parten de la torre de la emisora, de la misma forma que parten los círculos concéntricos al tirar una piedra al agua, desde el punto donde cae ésta. La longitud de la onda está representada por la distancia entre una cresta y la onda siguiente, y la frecuencia es el número de ondas que desfilan en una unidad de tiempo. Algunas tablas de conversiones están fundadas en una velocidad de propagación de las ondas electromagnéticas. Ésta es de 299.820 kilómetros por segundo, pero en general se basan estas tablas en los 300.000 kilómetros por segundo.

     Sé que muy pronto vas a aprender todo esto y mucho más. Tu te desesperas porque hablas mucho con tus amigos de tus conquistas, que son maravillosas para tí, de tantas emisoras que has podido escuchar. Un día, llevas a tus amigos a tu casa para que oigan por ellos mismos esas maravillas. La radio se empaca y no quiere hablar, como ese niño al que su mamá presenta a sus amigas en una fiesta alabando la forma en que recita unos preciosos poemas; y el niño, azorado, se mete debajo de la mesa, con las mejillas rojas y deseando que la tierra se lo trague. En ese momento tú maldices a tu viejo receptor y a tu humilde antenita. Pero ellos no tienen la culpa, Juan; lo mismo le pasa a los más veteranos DX-istas. Hay tormentas
magnéticas que todo lo entorpecen, períodos de manchas solares y otras muchas cosas más, que numerosos colegas tuyos no pueden explicar.

        Por eso, Juan, la base más grande de todo buen DX-ista es la mucha paciencia. Paciencia y perseverancia. Por eso, la mujer DX-ista consigue mejores resultados que el hombre, porque es más paciente y perseverante.

        Allá muy lejos, en tu América Latina, en la provincia de Salta, en un  pueblecito argentino que se llama Metán, existe una maestra de escuela, gran amante de las Ondas Cortas. Clara Azucena de la Vega se llama, y ¿tú sabes cuánto tiempo se pasa a veces junto al receptor?. Horas enteras, desde las cinco de la tarde hasta las cinco de la mañana. Y todavía, luego de esto, se va para la escuela a enseñar. Y muchas veces, no poco de lo que enseña lo ha aprendido gracias a las Ondas Cortas y a su humilde receptor a válvulas.

       Hay otro gran DX-ista en Montevideo, Uruguay, que también utiliza un viejo receptor. Es Manolo Barcia, quien tiene un “Royal” de tres bandas del año 54. Él lo llama “cachila”, por lo rendidor.

        Otro igual tiene la señora María Méndez, de Panamá, quien me deja asombrado con sus informes de recepción.

        Podría llenar páginas enteras con cosas como estas, Juan, porque así es el DX-ismo de América Latina, sacrificado, pero que camina adelante. 

         Es linda tu idea de juntar a todos tus amigos cerca del receptor a escuchar Ondas Cortas, tomando un mate o un café, y cambiando opiniones.

         Sé que te va a prender esa vacuna, y cuando la quieras dejar no vas a poder. Si un día no escuchas nada, otros vendrán en que tendrás que bajar el volúmen, porque amenazará con romperse el cono de cartón de tu viejo parlante, y escucharás muchas y buenas cosas y excelentes programas.

         Existen emisoras que te ayudarán y te enseñarán lo que son las Ondas Cortas, estaciones que te lo darán todo y de corazón y no te  pedirán nada.       

          Es maravilloso, ¿verdad?. 

          Cuando quieras acordar, tendrás tu casa llena de folletos, boletines, y cosas que te allanarán ese camino que creías tan difícil.     

          Te dejo, Juan, me voy a dormir. Mañana, le escribiré a Miguel, quien al contrario de tí, sabe mucho de DX-ismo. Tiene un receptor de comunicaciones que compró, a pesar de las quejas que su señora, antes de la heladera y la cocina.

         Tú crees que no es cierto. Sin embargo, Miguel existe, es Presidente de un gran Club DX-ista. Y empezó como tú, Juan, sentado en el muro de su casa.

          Chau. Juan y muy buena sintonía.

        Te saluda…  Leonidas Alemán, “un loco con la antena al hombro”.

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