1936. Los primeros años de nuestra radiotelefonía.

Claudio Sapelli

“Vivimos en un momento en que hay una legión de “entendidos” en las cosas de radio, sabios o poco menos, los cuales no podrán imaginarse nunca lo que fue la primera hora, ni gustar las emociones de los momentos iniciales de la radiotelefonía, cuando había que construirlo todo en casa, con excepción de las válvulas, realizando experiencias que resultaban en mayor grado pintorescas más que científicas.

Hombres abrumadoramente serios como el Dr. Heguito y el Dr. Beretervide, de nuestra Facultad de Veterinaria, pasaban sus días y sus noches construyendo elementos para su trasmisor y receptor, alternando sus trabajos de laboratorio con la fabricación de “inductancias”, “resistencias”, “condensadores”, “rectificadores electrolíticos” y otros “chiches”, poseídos enteramente por la “radio-chifladura”. ¡Qué serie de tipos raros, podríamos hacer desfilar por estas páginas, si empezáramos a hilvanar nuestros recuerdos!.

La radio, muy difícilmente, nos podría dar hoy un aficionado tan formidable como fue el filarmónico y humorista Horacio O. Paganini, que no sabemos por qué motivo no ha expuesto en el Subte su portentoso trasmisor del año 1921, y su regenerativo -“ojo mágico” y “cerebro mágico”- de la misma época, hijos legítimos de su industria, armados en un cajón de querosén.

Pero hoy queremos dedicar este espacio a un hombre a quien mucho debe la radiotelefonía local, emprendedor como muy pocos, experimentador tenaz, que fue también el primer constructor de centenares de aparatos comerciales, que eran a galena y armados en una especie de cajita de cigarros: don Claudio Sapelli, que nunca negó su consejo y su ayuda a los aficionados.

Lo hallamos una tarde en el local de la Exposición de Radio, mirando las “joyas” que en otro tiempo salieron de sus manos. Sus ojos acariciaban con devoción una valija allí expuesta, primer premio en el Primer Concurso Radiotelefónico que se realizó en Montevideo, hace ya muchos años, participando técnicos y aficionados con más de doscientos aparatos que comprendían desde los receptores y trasmisores de la época, hasta aparatos de galena montados en cáscaras de avellana, y dando la nota original, uno de ellos, armado en un grano de maíz.

Le preguntamos cómo se había iniciado en radio, haciéndonos conocer una serie de datos muy interesantes.

Corrían los días del año 1918, cuando Sapelli -entonces estudiante de electrotécnica- a consecuencia de haber llegado a sus manos algunas revistas norteamericanas que se ocupaban de las primeras experiencias en radiotelefonía, sintió a su vez una atracción irresistible hacia la radio, dedicándole desde ese momento todo su entusiasmo, empleando sus recursos económicos en experiencias y apurando cuánto le fue posible sus estudios especializados en esa dirección.

Fue constructor de los primeros trasmisores que fueron utilizados por una gran mayoría de nuestros “radiochiflados”, que a causa de su poco precio y mínima potencia tenían el gráfico denominativo de “forchelas”, de 135 voltios cuándo más, modulación por absorción, operando con válvula Western de 3 Watts, la muy famosa WE 211. Siguiendo siempre con sus estudios y experiencias, un buen día dio principio a la construcción de trasmisores más perfectos, dotados de todos los recursos de la ciencia radioeléctrica, adelantándose con innovaciones a lo que entonces llegaba de Estados Unidos con rótulo de novedad. Los trasmisores de la serie “R” cubrieron distancias record en telefonía, llegando el aficionado de la ciudad de Pando, CX1DA, M. Saldamando y Olmos, muchísimas veces con su palabra hasta el receptor del Ingeniero C. Augusto Gilardi, situado en la ciudad de Arequipa, República del Perú.

Preguntamos a Sapelli acerca de un trasmisor de aviación que figuraba en la colección allí expuesta. -Es un trasmisor Western Electric, de la aviación norteamericana -nos contestó- utilizado en la guerra europea. Lo hice adquirir por mi representante en Estados Unidos, en el año 1928, cuando el Gobierno de aquel país procedió al remate de los elemento fuera de uso. Cuando llegó, verifiqué que era  un modelo muy atrasado, respecto a lo que por aquí ya construíamos, de modo que nunca fue utilizado, quedando como una reliquia de la gran contienda mundial.

Inquirimos a continuación, acerca de los primeros receptores americanos llegados al país, y nos señaló el minúsculo receptor “General Electric” a galena, adquirido por uno de los más activos radioaficionados de nuestra urbe, el Arq. Ricci Toribio.

Sapelli principió sus experiencias en radiotelefonía con la primera válvula comercial, traída al país por los telegrafistas de un barco que hacía la carrera de Estados Unidos al Río de la Plata. Era una “De Forest”, de dos filamentos. Con ella realizó su ensueño de tener un receptor “regenerativo”, armado en un cajón de velas, con el cual oía las señales telegráficas de los barcos, las provenientes de la Estación Cerrito y de la dársena norte de Buenos Aires.

¡Cuánto se ha progresado en pocos años! ¡Es una marcha vertiginosa!

-En el año 1928, iniciamos la fabricación de receptores de radio -díjonos Sapelli– No puede Ud. imaginarse cuántos recuerdos me trae esta exposición de “cachivaches de antaño”, puestos ante la curiosidad pública por el Montevideo Radio Club, cuando observo las maravillas que la ciencia y la industria radioeléctrica produce hoy.

Un apretón de manos y nos despedimos del buen amigo, el mismo que nos armó nuestro trasmisor de la segunda época, el 20 de setiembre de 1926, con el cual conquistamos por el éter buenos amigos, situados en todos los rincones de los países de América del Sur.”

J. Tato Lorenzo

(“Los primeros años de nuestra radiotelefonía” por CX2AN, POEUR, Año VI Octubre 9 de 1936, No. 272)

El resaltado del texto con negrita es mío propio.

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