Historia de la autorradio. Sus orígenes y evolución hasta la década del ’60. (Ing. Carlos A. Altgelt).

CARLOS A. ALTGELT, nació en Buenos Aires en 1940. Luego de graduarse de ingeniero electrónico, emigró a los Estados Unidos en 1967. Allí desarrolló su actividad profesional como diseñador de radios y equipos de video para diversas empresas, tanto en ese país como en Inglaterra y Brasil.

Desde 1984 a 1990 dio conferencias sobre su especialidad en la Sociedad de Ingenieros del Automotor (SAE). Se jubiló en diciembre de 2004. Ahora vive parte del año en Martínez (Buenos Aires, Argentina), y parte en Dearborn Heights (Michigan, Estados Unidos); donde continúa leyendo y escribiendo y desarrollando su actividad como apasionado coleccionista de Ciencia Ficción. Ha publicado más de 100 artículos técnicos y escrito diez libros, algunos relacionados con la genealogía de su familia y otros relacionados con los libros, historietas y revistas de su juventud. ¹

En este artículo, y los seis que le siguieron, fueron publicados en Revista Telegráfica Electrónica, Nº 895, del mes de mayo de 1988.

Con ellos, el Ing. Algelt se propuso hacer una reseña histórica desde los comienzos de la autorradio hasta nuestros días, incluyendo sus desarrollos futuros en la última entrega de la serie.

Está basado en información aprobada por Ford Industria e Comercio, San Pablo, Brasil y por la Ford Motor Co., Dearborn, Mich. (USA).

Este estudio se concentró en los adelantos logrados en los Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Alemania, ya que, por “falta de datos, la historia de la autorradio en Argentina aún necesita de alguien que la escriba”.

Publicamos el excelente informe histórico por cortesía expresa del autor.


 Historia de la autorradio. Orígenes y evolución de la autorradio hasta la década del ’60.  (Ing. Carlos A. Altgelt). 

(Foto: archivo LGdS).

¿A quién le gustaría tener que detener su automóvil cada vez que quisiera escuchar la  radio? Por supuesto que eso dependería de quién fuera el acompañante, especialmente si se tratara de una muchacha bonita, quizás en una noche de luna llena…

Créase o no, para poder escuchar la radio en los comienzos de la industria automotriz se tenía que hacer exactamente eso, fuera quien fuese el acompañante, ya que las autorradios de esa época eran mucho menos sofisticadas que las radios de hoy en día.

Hoy parece muy simple, cualquiera entra en el auto, arranca, enciende la radio y ahí está: ¡su programa favorito!.

Pero en la época de los abuelos todo eso era bien distinto. Primero había que conseguir baterías adicionales, ya que la del auto no tenía potencia suficiente.

Instaladas las baterías en el baúl o en el suelo del auto, la radio casera se depositaba en un asiento. Una vez llegado a su destino, tal vez para hacer un picnic, había que parar el motor (ya que el ruido eléctrico generado por él apagaba cualquier emisora), colocar la antena en la rama de un árbol, la “tierra” en el suelo y después esperar con paciencia la recepción de algún programa. Rezar un Padre Nuestro también ayudaba.

Ahora bien, el origen de la autorradio es tan difícil de determinar como el origen del automóvil. Quién fue el primero en instalar un receptor en un auto, realmente no se sabe ni probablemente se sepa nunca, aunque no falten por cierto candidatos para el título ¹. Hasta se podría decir que la primera “radio de auto” en realidad no fue una “autorradio” (si la Fig. 1 no le llamó la atención, quizás esta frase un poco disonante lo haya conseguido).

La mayoría de la gente piensa que las radios de auto fueron inventadas y desarrolladas en los Estados Unidos a principios de los años ’20. Sin embargo, fue en Chelmsford, Inglaterra, que los primeros experimentos con radios “sobre ruedas” fueron realizados, más exactamente, en 1897.

Fig. 1 — Experimentos con radio móvil, en el ómnibus a vapor THORNYCROFT (1903). Marconi está en el extremo derecho. (Cortesía de The Marconi Company Ltd.. Chelmsford. Inglaterra).

La fotografía de la Fig. 1 muestra un ómnibus a vapor Thornycroft usado por Guglielmo Marconi durante sus experimentos de radiotelegrafía o telegrafía inalámbrica, como se la conocía en ese entonces, (Marconi está de pie a la derecha de la foto, bien orgulloso con su típica boina irlandesa).

La estructura tubular en el techo del ómnibus no es una chimenea, como parecería a primera vista, ni un gigantesco cohete de fogueo, sino la antena en sí. El aparato receptor era una sencilla radio a galena, o simplemente “galena”.

Y bien, se podría decir que la primera “radio de auto” fue en realidad una “galena de  ómnibus”. Un simple juego de palabras, si se quiere, pero que sirve para dramatizar los alcances realizados en los últimos 90 años.

Los experimentos de Guglielmo Marconi fueron continuados en los Estados Unidos a principios de siglo por Lee DeForest y Nikola Tesla, verdaderos fundadores de la radiodifusión. Lee DeForest, inventor del triodo, había sido uno de los primeros proponentes de los “automóviles como estaciones de radio”, como él mismo lo dijera en 1903. Una revista de la época comentaba que “DeForest adapta sus instrumentos a los automóviles de tal modo que la electricidad que los impulsa o pone en movimiento es aprovechada para  radiotelegrafía cuando el vehículo está parado”.

En otras palabras, como se dice al principio de este artículo, DeForest tenía que detener su automóvil para poder usar la radio conectada a la batería del mismo.

La primera instalación de un radiotelégrafo en un vehículo motorizado fue realizada en los Estados Unidos por el brigadier general Edgar Russell en la frontera mexicana en 1914. La Fig. 2 ilustra una instalación típica de la época, a través de la cual “el ciudadano puede salir de vacaciones y continuar recibiendo diariamente noticias, informaciones sobre negocios y cotizaciones de la bolsa a través del aire”, comentaba en 1917 el periodista R. S. Winters, uno de los primeros «tuercas». Sentado debajo de las «cuerdas de colgar ropa», que en realidad forman la antena, está Alfred H. Grebe, pionero de la Radio, así, con mayúscula.

Fig. 2— EI pionero Alfred H. Grebe en su automóvil. La antena parece un tendedero de ropa. (Esta fotografía es cortesía de Donald W. Matteson, consultante del Henry Ford Museum and Greenfield Village. Dearborn. Michigan, EE.UU.).

El impulso precursor de estos pioneros fue frenado en cierta forma durante la Primera Guerra Mundial debido a la prohibición impuesta a trasmisiones inalámbricas para uso civil, prohibición que fue levantada recién en 1919. Poco después comenzaron las primeras trasmisiones comerciales con las emisoras WWJ (Detroit) y KDKA (Pittsburg) en agosto y noviembre de 1920 respectivamente. Si bien para ese entonces ya algunos pioneros habían instalado radios en automóviles (instalaciones precarias que poco tenían de científico), las trasmisiones de Frank Conrad en KDKA y sobre todo aquellas de WWJ en Detroit, «patria» del automóvil, dieron el puntapié inicial, por así decirlo, a la incipiente industria de la autorradio.

Entre 1920 y 1923 la producción de automóviles en los Estados Unidos alcanzó a 15 millones de vehículos, mientras que en Europa se fabricaron sólo 600 mil unidades en ese mismo período. Basados en estas cifras, sería lógico suponer que las primeras instalaciones fueron registradas en el gran país del norte, pero esto no es así. La primera instalación de la cual se tenga certeza fue hecha por la Cardiff and South Wales Wireless Society, Gales, en un sedan Standard 14 en agosto de 1921 (Fig. 3). En la foto se puede apreciar la enorme antena a cuadro montada cerca del guardabarro derecho delantero.

Fig. 3 — La primera instalación de una antena de cuadro en un sedán Standard, en Gales. 1921, enero 3, 1953. (Esta fotografía es cortesía de The Motor, enero 3, 1953).

La instalación de la sociedad galesa quizás haya sido prematura, puesto que. tuvieron que pasar aún seis meses hasta que el Director General de Correos otorgara una licencia a la estación 2LO de la Casa Marconi en Londres. Al poco tiempo, la emisora 2LO se unió con otras cinco empresas para crear la British Broadcasting Company, de la cual nació la prestigiosa British Broadcasting Corporation (BBC) en 1926. Por su parte en Alemania, la Telefunken introducía en 1925 un receptor portátil que podía ser usado tanto en un bote como en un auto.

De este lado del Atlántico, las instalaciones de autorradio ya comenzaban a preocupar a las autoridades.

En febrero de 1920, la Oficina de Registro de Vehículos del Estado de Massachusetts,  propuso una ley prohibiendo el uso de radios mientras el vehículo estuviese en movimiento. De acuerdo al reglamento propuesto, “escuchar receptores de radio en un automóvil en movimiento distrae al conductor y puede causar accidentes al incitarlo a dormir mientras conduce, así como al sintonizar la radio el conductor no presta atención a la ruta”.

Lo interesante es que los promotores de la ley no percibieron que los pasajeros también  tenían como hábito hablar con el conductor y distraerlo. Como era de preverse, el proyecto de ley fue derrotado, un poco gracias al esfuerzo de la Asociación de Fabricantes de Radio, la cual hizo notar a los legisladores que las radios en realidad prevenían accidentes en lugar de provocarlos, ya que mantenían al conductor alerta al quebrar la monotonía de la ruta.

Dos años después, en 1922, un tal Earle C. Anthony, concesionario de Packard y Durant en California, anunciaba que iba a fabricar y distribuir una autorradio con la marca  “Motoradio”. Su empresa no prosperó. Ese mismo año, el Automóvil Club de Kansas City, con licencia especial de la Western Radio Company, comenzó a trasmitir las condiciones del tránsito en las carreteras de Missouri todas las tardes a las 7.30 (precursor del sistema ARI de la Blaupunkt en los años ’70).

En 1923, la Springfield Body Corporation fue la primera compañía en ofrecer radios  específicamente diseñadas para ciertos tipos de automóviles, aunque sin mucha suerte, ya que la empresa desapareció al año siguiente. Tampoco tuvo mucho éxito la compañía Radio Auto Distributors, registrada en 1925 como fabricantes de autorradios.

Un poco mejor le fue a dos compañías de ómnibus, separadas por un continente, pero cuyos dueños compartían la misma visión. La California Transit Company, Oakland, y la National Steam Car Company, Chelmsford, Inglaterra, equiparon en 1923 y 1925 respectivamente, sus ómnibus con auriculares para que sus pasajeros pudiesen disfrutar con programas de radio (Fig. 4).

Fig. 4 — Uno de los primeros ómnibus equipado con un radio receptor. Los pasajeros disponían de auriculares para escuchar las emisiones. (Esta fotografia es cortesía de The Marconi Company Ltd., Chelmsford, Inglaterra).

Principios inciertos, sin ninguna duda, pero principios al fin. La industria de la autorradio estaba en su infancia; sólo faltaba alguien que, después de recibir el puntapié inicial, obtuviese el primer gol del campeonato.

El “artillero” no tardó en llegar y se llamó William M. Heina. Si hay alguien que pueda reclamar sin lugar a dudas el título de inventor de la autorradio, éste fue el Sr. Heina, quien en setiembre de 1926 solicitó una patente para un receptor de automóvil bajo el título de «Aparato de radio portátil» (Fig. 5).

Fig. 5 — Copia de la primera patente de un receptor de automóvil, otorgada a William M. Heina en 1927, (Esta fotografía es cortesía de Donald W. Matteson, consultante del Henry Ford Museum and Greenfield Villaye, Dearborn, Michigan, EE.UU.)

El gobierno de los Estados Unidos le otorgó la patente en abril de 1927. Heina ya había construido sus primeras autorradios en su propia empresa, la Heinaphone Company, en 1925; esas radios pueden ser consideradas como las primeras autorradios comerciales. En 1927 la Heinaphone Company fue adquirida por la Automobile Radio Corporation, creadores del famoso modelo Transitone. Dos años después, la Automobile Radio fue comprada a su vez por la Philco Corporation, de donde surgió la tradicional línea Philco Transitone. Y fue al comprar esas mismas Philco Transitone en 1929, que la Dodge se convirtió en el primer fabricante de automóviles que adquirió radios específicamente diseñadas para sus modelos. La relación comercial entre Dodge y Philco duró 13 fructíferos años. (La Fig. 6 muestra una instalación de una Philco Transitone en un automóvil Vauxhall.)

Fig. 6 — Típica instalación de una radio Philco Transitone en un automóvil Vauxhall (Esta fotografía es cortesía de Roy W. Williams, Ford Motor Company, Basildon, Inglaterra [de The Autocar marzo 17. 1933]).

Fue la misma Philco quien creó, por decirlo así, la industria de la autorradio en los Estados Unidos. Todo comenzó en el Hotel Roosevelt, de Nueva York cuando la empresa patrocinó en 1929 un suntuoso banquete al cual asistieron importantes personalidades, no sólo de la pujante industria automotriz (más de 5 millones de autos fueron construidos en Estados Unidos en ese año), sino también de la incipiente industria de la radio (tanto fabricantes como radiodifusores). En aquella época el público norteamericano estaba enamorado, no sólo de los automóviles sino también de la radio. Y la Philco fue la primera compañía en darse cuenta que a partir de ese noviazgo el casamiento no tardaría mucho en llegar. Al día siguiente del banquete, Arthur Brisbane, el conocido periodista de la cadena Hearst, pintó un futuro brillante para la industria de la autorradio.

Al poco tiempo, Philco comenzó una agresiva campaña para dejar atrás a la competencia. En uno de sus artículos, la revista Fortune comentó: “La Philco sobrevivió y literamente venció a centenas de otras firmas. La compañía ha ganado su reputación de ser la más feroz, la más emprendedora y la de más bajos precios entre todas las otras industrias de radio”, y todo eso acontecía cuando cuatro millones y medio de operarios, o sea el diez por ciento de la clase trabajadora, estaban sin empleo. En una carrera realmente meteórica, la Philco había pasado del 25° lugar en 1926 entre 800 fabricantes de radios sólo en los Estados Unidos, al primer lugar en 1930. La Philco siempre figuró entre las precursoras de la autorradio: de sus filas salieron la antena telescópica, sintonía con núcleos de ferrite, memoria pantográfica, las válvulas miniatura y la primera autorradio totalmente transistorizada. Realmente la Philco estaba al servicio del consumidor.

Pero no todas las firmas tenían ideas tan altruistas. Muchas compañías de la época poseían sistemas muy peculiares para vender sus autorradios. Uno de los métodos más insidiosos fue el patrocinio por la compañía Ajax en 1931, la cual ofrecía a sus clientes instalaciones gratis pero exigiendo a su vez como contraseña el título del automóvil. Si bien la Ajax no inventó la famosa estratagema de la “pirámide” o cartas “en cadena”, es cierto que la utilizó en grande escala. Sus clientes tenían que convencer a sus amigos a comprar radios Ajax para ganar “créditos” y recuperar así el título del auto. Y así sucesivamente.

Es obvio que, al poco tiempo, la gente se quedaba sin amigos disponibles y que la posibilidad de recuperar el título se desvanecía. Al poco tiempo la Ajax se convirtió en dueña de centenas de automóviles. Pero la historia tuvo un final feliz, como en las mejores películas de Hollywood. El gobierno de los Estados Unidos intervino, la Ajax fue llevada a la justicia por fraude y finalmente declarada en quiebra.

Era evidente que además de los problemas técnicos, había otros a superar: publicidad fraudulenta, precios altos, instalaciones patéticas, servicios inexistentes, escasez de fondos.

Alguien que sabía perfectamente que, sin dinero no se iba a ningún lado era Paul Galvin, fundador de la Galvin Corporation y que más tarde se convirtió en Motorola. Verdadero pionero de la autorradio, Galvin pidió un empréstito a un banco de Chicago en 1930.

Queriendo demostrar las posibilidades prácticamente ilimitadas de su empresa, hizo que dos de sus ingenieros, Elmer Wavering y Hank Saunders, instalasen una radio Galvin en el Packard flamante del banquero. Varias veces durante los trámites comerciales, Galvin salió del escritorio acompañado por el banquero mientras le explicaba con lujo de detalles lo que estaban haciendo sus ingenieros. Apenas Wavering y Saunders terminaron la instalación, el banquero salió muy orgulloso y contento a dar una vuelta de práctica. Todo fue muy bien hasta que a las dos cuadras comenzó a salir fuego debajo del panel de instrumentos debido a un cortocircuito causado por la radio.

A pesar de este contratiempo, Galvin consiguió el empréstito pedido. Muchos años después, cuando Galvin relataba el episodio, acostumbraba añadir que su propio Studebaker se había incendiado decenas de veces durante pruebas de laboratorio. Wavering, por su parte, no fue despedido; al contrario, en 1960 llegó a ser presidente de Motorola.

Y fue más o menos por aquella época que la policía comenzó a usar autorradios. Bill Balderston, dueño de una concesionaria Transitone en Chicago en 1930 (y quien más tarde se convertiría en presidente de Philco), comentaba años después: “Teníamos un garaje enorme y durante nuestro primer año instalamos unas cien radios. Poco después la policía de Chicago nos pidió que instalásemos radios en sus patrulleros ya que la emisora WGN trasmitía, junto con sus programas normales, boletines policiales de emergencia”.

Lo curioso es que, de repente, en medio de una novela por ejemplo, aparecía una llamada de urgencia y todo el mundo se estremecía al oír «en vivo» a la policía en acción. El problema era que los criminales no eran estúpidos y también sintonizaban a WGN para saber qué estaba pasando. Finalmente en 1931 la policía de Chicago consiguió frecuencias de radio de uso exclusivo.

A comienzos de la década del ’30 la mayoría de las compañías americanas de autorradios consiguieron bajar sus precios cuando comenzaron a utilizar la línea de montaje en serie, proceso ya hecho famoso por Henry Ford.

El impulso generado por Cadillac y La Salle al ofrecer en 1929 un espacio en sus automóviles reservado exclusivamente para la instalación de radios, fue frenado cuando las ventas de autos comenzaron a caer vertiginosamente tres años después (producción de poco más de 1 millón de autos). En 1932 el índice de desempleo había llegado al 25 %, considerado como el peor en toda la historia de los Estados Unidos.

Sin embargo, y siguiendo con el espíritu emprendedor y optimista tan típico de los norteamericanos, la Ford, Chrysler y Studebaker comenzaron a ofrecer por primera vez radios en sus productos automovilísticos de 1934. Ese año de 1934 se puede considerar como el verdadero comienzo de la autorradio comercial, en el cual se vendieron casi 250.000 autorradios en los Estados Unidos solamente. La autorradio había llegado. Ya no se podía dar “marcha atrás”.

Los receptores superheterodinos, introducidos en 1932 por Philco en los Estados Unidos y Blaupunkt en Alemania, ya eran de uso común debido a su rendimiento superior en términos de selectividad y sensibilidad. La introducción de válvulas con rejillas múltiples hizo posible la autopolarización y el control automático de volumen. Hasta ese entonces, cada vez que el automovilista pasaba, no sólo debajo de puentes, sino cerca de postes de teléfono o entre edificios, la señal desaparecía completamente. Empresas como la Franklin, Packard, Pierce-Arrow, Jordán y Peerless, ya estaban ofreciendo antenas en sus autos y también dejaban una abertura en el suelo, típicamente delante del asiento trasero, para que fuesen instaladas las baterías de la radio.

La industria de la autorradio estaba finalmente en el camino cierto, tanto en los Estados Unidos como en Europa, incluyendo aspectos de fabricación tan importantes como la producción en gran escala, controles estrictos de calidad, precios competitivos y especificaciones rigurosas.

Durante ese mismo período, en Europa, la compañía alemana Ideal Radio Telefon und Apparate Fabrik GmbH (cuyo nombre fue cambiado a Blaupunkt Werke GmbH cinco años después de ser comprada por el grupo Bosch en 1933), lanzó al mercado europeo la primera autorradio. El receptor, un superheterodino de cinco válvulas conocido como AS-5, fue introducido al público en la exposición de automóviles de Berlín de 1932. La radio estaba montada debajo del panel de instrumentos y era controlada remotamente por medio de un panel instalado en la columna del volante (Fig. 7).

Fig. 7— El receptor de la empresa Ideal Radio, que luego se convertiría en Blaupunkt Werke GmbH, era un superheterodino montado bajo el panel de instrumentos y era controlado remotamente desde la columna del volante. (Esta fotografía es cortesía de Blaupunkt Werke GmbH, Hildesheim, Alemania).

En Gran Bretaña, en 1933, la Crossley fue la primera compañía que ofreció autorradios directamente de fábrica; al año siguiente la Hillman hizo lo mismo.

(Es interesante señalar que en Gran Bretaña, así como en otros países europeos, se exigía una licencia para instalar y operar radios en los automóviles. Posteriormente, esa licencia pasó a formar parte de una licencia única que concedía el derecho de usar radios tanto en el automóvil como dentro de casa).

Por otro lado en Holanda, la Philips, para no quedarse atrás, afirmaba en 1934 que sus radios eran realmente las primeras diseñadas específicamente para el automóvil. La Philips también ofrecía una antena dipolo, fabricada por la misma empresa, afirmando que la calidad de este tipo de antena era muy superior a las antenas embutidas en los techos de los sedans de aquella época. El modelo de autorradio ofrecido por la Philips en 1934 era compuesto de tres partes: la caja principal con el receptor propiamente dicho,
un control remoto redondo y el altoparlante.

Una suba en las ventas ocurrió en Europa aproximadamente en el año 1937 gracias a la introducción de las válvulas con envoltura metálica. Casi en el mismo año en que la Volkswagen introdujo su famosa Volks Radio, la venta de radios en Alemania se duplicó. En la Fig. 8 se ilustra el modelo Autosúper 7A78 fabricado por la Blaupunkt en 1938. Este modelo ya presentaba un altoparlante formando parte integral de la radio.

Fig. 8 — Modelo Autosuper 7A78 de la Blaupunkt (1938). El altoparlante estaba integrado con el receptor. (Esta fotografía es cortesía de Blaupunkt Werke GmbH. Hlldesheim. Alemania.)

La Delco Radio, creada a partir de la Crosley Manufacturing Company, fue comprada en 1936 por la General Motors, convirtiéndose así en una subsidiaria de esta empresa. Tres años más tarde, durante el auge de la política “New Deal” de Franklin D. Roosevelt, la Chevrolet introdujo, casi simultáneamente con la Philco, el primer sintonizador a botonera. Un año después, en 1940, la Delco lanzó al mercado el primer altoparlante elíptico para automóviles.

La Segunda Guerra Mundial puso un alto temporario en las actividades de la industria automotriz.

A su término, los técnicos e ingenieros de autorradios aprovecharon la experiencia ganada durante la misma para continuar con renovado empeño el diseño de modelos cada vez más sofisticados. Por ejemplo, Grundig AC, una pequeña empresa alemana establecida en 1927, comenzó a fabricar autorradios al final de la guerra. En Gran Bretaña, Radiomobile fue fundada en 1946 como la primera firma europea dedicada exclusivamente a la fabricación de autorradios. Sus modelos, ofrecidos por Bentley y Rolls-Royce, consistían de un chasis de una sola pieza con una fuente de alimentación independiente.

En 1947 la Delco introdujo en los Estados Unidos una radio de sintonía automática (“seek and scan”).

Válvulas y trasformadores de FI miniatura aparecieron en 1948. La sintonía a pantógrafo, introducida por la Ford en 1942 con sus modelos Adjust-O-Matie fabricados por Zenith y Philco, ya estaba firmemente establecida. En 1950 la Telefunken fue una de las primeras compañías europeas en usar memoria mecánica a botonera en sus diseños.

El desarrollo del transistor era seguido con mucho interés por las compañías de autorradio, todas a la espera de que su rendimiento mejorase a la par de que se tornase más económico.

Las radios híbridas aparecieron por primera vez en 1957. Usando válvulas miniatura de 12 voltios y un transistor de salida, no requerían el alto voltaje de placa que hizo surgir la fuente de alimentación a vibrador en 1933 .

Una radio híbrida está ilustrada en la Fig. 9, el modelo TCR 2000X fabricado por la firma británica Pye en los años ’60; las cuatro válvulas miniatura se destacan en la parte superior de la foto. Teniendo que diseñar la radio en un espacio lo suficientemente pequeño para cumplir con las normas DIN, la Pye se vio obligada a dividir el circuito en dos chasis. En la Fig. 10 se ve claramente una vista interior del chasis contenido la etapa transistorizada de salida con acoplamiento a trasformador.

Fig. 9 — En esta figura se ilustra el receptor TCR2000X de la Pye. Era de diseño híbrido , con transistores y válvulas. (Esta foto es cortesía de Jayne Hart, Ford Motor Company, Dunton, Inglaterra).

Hacia fines de la década del ’50, tanto la Delco como la Philco se dedicaron intensivamente a la fisica del estado sólido para desarrollar semiconductores prácticos y económicos. En 1958, la Delco introdujo una radio portátil totalmente transistorizada conocida como TransPortable (Oldsmobile) o Sportable (Pontiac). En Europa, radios portátiles totalmente transistorizadas comenzaron a ser ofrecidas por Blaupunkt, Philips y Pye a mediados de los años ’50, pero se tuvo que esperar una década más para que su uso fuese práctico en un automóvil.

Fig. 10 — El mismo receptor de !a Fig. 9 pero mostrando el circuito transístorizado. acoplado a trasformador. [lista fotografía es cortesía de Jayne Hart. Ford Motor Company, Dunton, Inglaterra.)

Los problemas técnicos asociados con la introducción del transistor no fueron resueltos hasta bien entrados los años ’60. Fue en esa década que las trasmisiones de FM comenzaron a cobrar cada vez más importancia, la década en la cual se vio aparecer no sólo a los Beatles y los “hippies” de San Francisco, sino también a la radioestereofonía, los pasacassettes y los “8-track players”.


¹ Ni lento ni perezoso, el periódico Californien Staats Zeitung, afirmó categóricamente en su edición del 30 de enero de 1986, que George Frost construyó la primera autorradio en 1922 a los 18 años de edad.


Agradecimientos:

Figs. 1 y 4, cortesía de The Marconi Company Ltd., Chelmsford, Inglaterra.

Figs. 2 y 5, cortesía de Donald W. Matteson, consultante del Henry Ford Museum and Greenfield Village, Dearborn, Michigan, EE.UU.

Fig. 3, “The Motor”, enero 3, 1953;

Fig. 6, cortesía de Roy W. Williams, Ford Motor Company, Basildon, Inglaterra (de “The Autocar”, marzo 17, 1933).

Figs. 7 y 8, cortesía de Blaupunkt Werke GmbH, Hildesheim, Alemania.

Figs. 9 y 10, cortesía de Jayne Hart, Ford Motor Company, Dunton, Inglaterra.  ■


 Bibliografía:

Partes de este artículo aparecieron en una versión ligeramente modificada en:

  • “When Car radios Were Illegal: A History of Early American and European Car Radios”, Society of Automotive Engineers, febrero 1985.
  • “Auto Radios: Early Evolution and Current Chaos”. Institute of Mechanical Engineers, octubre 1985.
  • “Have radio, Will Travel”, DPTC Newsline, 1985-88.
  • “La historia do auto radio”, FIC Informado, 1987-88.

radio_rays_sep_small Algunas imágenes de nuestro archivo:

Camión militar inglés de la 1ª Guerra Mundial, equipado con aparato radiotelégrafo. Los soldados montan una antena vertical. Esta ilustración pertenece a una de las figuritas de cartón, que venían en las cajillas de cigarrillos Will’s, de origen británico. 1916.

Uno de los primeros vehículos equipados con aparatos radioeléctricos. EE.UU.

Curiosa ilustración humorística aparecida en la revista “Caras y Caretas”, de Buenos Aires, en el año 1924. La parte superior del bus colectivo tiene una antena del tipo dipolo multifilar.

Dibujo infantil publicado en “Caras y Caretas”, Buenos Aires, 1924. También se aprecia el receptor y la antena de hilo.

Otra ilustración humorística, que se publicó en “Caras y Caretas”, 1928.

En Uruguay…

Primer automóvil equipado con aparato “Romval”. Montevideo. 1923. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky, LGdS ).

Un automóvil que recorre diariamente la Av. 18 de Julio, de Montevideo, equipado con un receptor que da audiciones, aún cuando va a toda velocidad, con antena arriba de la capota.1923. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky, LGdS).

Esta entrada fue publicada en 1897, 1903, 1914, 1920, 1920s, 1960s, 1988, Alemania, Argentina, Documentos, EE.UU., Investigación, Los principios, Marconi, Montevideo, Notas de prensa, radio, radio portátil, Radioescucha, Receptores, Uruguay y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Historia de la autorradio. Sus orígenes y evolución hasta la década del ’60. (Ing. Carlos A. Altgelt).

  1. miguel angel giglioli dijo:

    genial el comentario,todos los nombres me son familiares,yo empece con las radios en los años finales de la valvula,y deje con las computadoras,asi que abarque una gran epoca.soy de bahia blanca.gracias por tan buen comentario.

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