El “telégrafo caracol” y la “brújula pasilalínica-simpática”. (1850).

A mediados del siglo 19, más precisamente en 1850,  un ocultista francés llamado Jacques Toussaint Benoît, conjuntamente con un colega, Monsieur Biat-Chrétien, quién se supone vivía a su vez en EE.UU. (nunca se halló referencias a él y menos como científico), y que según Benoît, mantenían correspondencia epistolar, lanzaron la teoría que sostenía que si un par de caracoles se situaban cerca, formarían un vínculo telepático especial.

Este supuesto enlace telepático entre los dos caracoles, según lo imaginado por ellos, no tendría límite físico, permitiendo realizar una comunicación sobre cualquier distancia. Así, tocando un animalito, sugirieron que el otro recibiría la señal y se movería en  correspondencia.

Creían que se formaría un tipo especial de fluido entre ellos, como hebra de hilos invisibles que establecían esa “comunicación simpática”, por medio del magnetismo animal causado por una corriente eléctrica pulsando entre ellos.  Aunque ello obviamente implicaba alguna forma de contacto físico entre los dos caracoles, se insistió en referirlo como “telepatía”.

Para sacar provecho de su teoría, Benoît construyó una máquina llamada la “brújula pasilaliníca-simpática”, también conocida como el “telégrafo caracol”. Similar a una brújula marina.

La máquina consistía en una caja con un disco dispuesto horizontalmente. En este disco se realizaron 24 orificios, como cuencos, cada uno de ellos forrado por un disco de zinc, dispuesto con una tela embebida de una solución de sulfato de cobre. Esta tela se mantenía en posición mediante un resorte de cobre, por debajo. En cada hueco, se ubicaba un caracol, pegado con cola adhesiva, que se correspondía con una respectiva letra del alfabeto. Construyó, a su vez,  otra caja, la receptora, para alojar otros tantos 24 caracoles y que,  supuestamente, se vincularían mediante la combinación tanto de la corriente galvánica, la energía animal, y la adámica, (ésta propia del ser humano), con los caracoles del primer dispositivo. 

Supuestamente, cuando el operador tocara un caracol; el otro, de la letra correspondiente en el otro dispositivo, reaccionaría, moviéndose, recibiendo a su vez, la señal, el otro operador.

Monsieur Antoine Hippolyte Triat. (Fuente).

Había convencido a un tal Monsieur Antoine Hippolyte Triat, quien regenteaba un gimnasio en París (el primero de su especie en la Ciudad Luz), diciéndole que había hecho un descubrimiento que sería sucesor de la telegrafía eléctrica. Triat era un hombre con sentido común, pero no alardeaba de mucha educación y ciertamente nada de conocimientos científicos.

Fue, por lo tanto, incapaz de distinguir entre la verdadera y falsa ciencia. Benoît sólo le había hablado con convicción, arrastrando con su entusiasmo a su interlocutor. 

“¿Qué es lo que se necesita para la construcción de la máquina?, preguntó M. Triat. Sólo dos o tres trozos de madera, respondió Benoît. M. Triat lo llevó al taller de su carpintero. “Ya está, mi amigo, dijo,aquí tiene la madera, y un hombre para ayudarle”.

M. Triat hizo más. Había percibido que “el futuro inventor de la la comunicación instantánea por el pensamiento” era de un hogar pobre y con hambre. El gerente, pues,  alquiló un alojamiento para él, y le otorgó una suma de dinero para que Benoît se pusiera a trabajar.

Éste, en efecto, utilizó una gran cantidad de trozos de madera, y ocupó al carpintero una buena parte de su tiempo.

Otras cosas se hicieron necesarias, no sólo madera, cosas que costaban dinero, y el dinero hubo de ser entregado puntualmente por M. Triat. Así pasaron doce meses. Al final de ese tiempo, que había sido totalmente a costo de su protectorBenoît no había llegado a ningún resultado.

Era evidente que, en la solicitud de apoyo a M. Triat, pretendía no tanto la construcción de una máquina que ya tenía inventada , sino un dinero útil para dedicarse a continuar con  sus estudios favoritos.

El director del gimnasio se impacientó. Y se negó a  aportar más fondos. Fue, entonces, que Benoît declaró, al fin, que la máquina estaba completa.

Esta máquina, para cuya construcción había solicitado dos o tres piezas de madera, resultó en un enorme andamio formado por vigas de diez pies de largo, soportando la pila voltaica descrito por M. Allix, en cuyas cavidades estaban atrapados miserables caracoles, adheridos a la parte inferior de los cuencos con algún tipo de pegamento.

Ocupaba un extremo del apartamento, y en el otro estaba el segundo, exactamente similar.

¡Así era la brújula pasilalínica simpática!.

Los veinticuatro desgraciados animales, pegados a la parte inferior, deseaban escapar de esas tazas repletas de paño saturado de zinc, rodeadas de trazas de sulfato de cobre por sus lados. Eran incómodas para ellos, y, naturalmente, trataban de escapar. Se escondían invariablemente en sus caparazones y asomaban sucesivamente sus cuernos, a tientas, procurando algún lugar agradable en el que arrastrarse, poniéndose en contacto con la madera en la que se habían pintado las letras. Pero si encontraban una gota de solución de sulfato de cobre, se precipitaban de nuevo en sus conchas.

La posibilidad de instalar el emisor y el receptor en habitaciones separadas, no fue materialmente posible, pero Benoît, declaraba a sus visitantes, que ello no era necesario. Se trataba de un asunto enteramente inmaterial. Los caracoles no consideraban distancia. Ubicara uno en Paris, el otro en las antípodas, la trasmisión del pensamiento a través de las corrientes simpáticas era completa, instantánea y efectiva, tal como ocurriría en su habitación.

Jules Allix, periodista de La Presse, Paris, 1818-1897. Fotografía de 1871. (Fuente).

Finalmente, para el 2 de octubre de 1851, Benoît anunció su pretensión de demostrar su dispositivo a Jules Allixun periodista del diario francés La Presse y a su respaldo financiero, M. Triat.

Todo estaba a punto.  Incluso, aseguró que desde el 30 de setiembre, había estado en constante correspondencia con Biat-Chretién, quien, sin cruzar el océano, asistiría a ese experimento a presentarse en Paris el miércoles 2 de octubre.

Para iniciar la demostración, solicitó a Triat y luego a Allix a pararse en cada extremo. Invitó al primero a pensar una palabra, que se recogería y leería después en el extremo receptor.

Jules Allix, tocó los caracoles cada uno con su letra, para formar -primero- la palabra gymnase; Benoît en su brújula leyó gymoate”.

Luego Triat, ubicándose en el lugar del inventor, envió las palabras lumiere divine, quien leyó en su lado “lumhere divine”. ¡Los caracoles evidentemente escribían con faltas de ortografía!.

Todo resultaba ser una farsa, y la correspondencia similar entre lo trasmitido y recibido, sólo se justificaba por el contínuo deambular, de Benoit, de uno a otro lado de los dispositivos, con el pretexto de supervisar el funcionamiento en los dos extremos.

 

A continuación, a Benoît se le invitó a ponerse en comunicación con su amigo americano, plantados ante su brújula al otro lado del Atlántico. Él le transmitiría la señal para estar alerta. Entonces tocó un caracol vivo que tenía en la mano, los cuatro caracoles que correspondían a las letras del nombre Biat. 

Esperaron la respuesta desde  América. Después de unos momentos, los pobres caracoles pegados comenzaron a asomar sus cuernos en una inconexa e irregular forma, y poniendo las letras juntas, no sin algunos retoques de la mano de Benoît.

Formóse la palabra CESTBIEN, o sea C’est Bien”, al dividirse apropiadamente y añadirse el apóstrofe necesario

Triat no se la creyó. Allix, por su parte, sí se convenció de la demostración y escribió un artículo pleno de alabanzas con la creación de Benoît, nota periodística que apareció en el diario el 27 de octubre de 1851. Triat fue mucho más escéptico, y exigió realizar una prueba más estricta, bajo condiciones científicas. 

“¡Mire Benoit”, dijo M. Triat; nada es más fácil para que me haga cambiar de opinión: deje una de sus brújulas armada en mi gimnasio, y la otra en el apartamento de al lado. Si eso le parece demasiado, entonces deje que se instale una simple pantalla entre los dos, y absténgase de pasar entre ellas mientras el experimento se está llevando a cabo. Si en estas condiciones tiene éxito la transmisión de un sóla palabra de un aparato a otro, le daré mil francos al día, siempre que estos experimentos sean exitosos.

M. Triat visitó a M. de Girardin, propietario de La Presse, quien también estaba interesado en la materia, y que creía la mitad del asunto, y quien había abierto las columnas del diario al artículo de M. Allix.

M. de Girardin, deseaba estar presente en el crucial experimento, y M. Triat con mucho gusto le invitó a asistir. Ofreció otros mil francos siempre y cuando las brújulas funcionaran. 

Émile de Girardin (París, 22 de junio de 1806 – París, 27 de abril de 1881) fue un periodista, publicista y hombre político francés. Teorizador del doble mercado, fue el fundador de La Presse, cotidiano parisino (1836), el reduce de mitad el precio del abono para multiplicar los suscriptores y, en consecuencia, aumentar la cantidad de inserciones publicitarias. (Fuente).

Mi plan es éste, dijo de Girardin: Si la invención de Benoit es un éxito, vamos a contratar el Jardin d’hiver y haremos que Benoît realice sus experimentos en público, cosa que nos proporcionaría una entrada de dinero, más de dos mil francos al día “.

Benoît estuvo, en principio, de acuerdo; pero ni lerdo ni perezoso, se esfumó de la ciudad,  antes de que pudiera llevarse a cabo la segunda prueba.

Fue visto varias veces en Paris, sin embargo, muy flaco, con ojos inquietos y ansiosos, aparentemente algo desquiciado.

Murió en 1852. Una pena por Benoît. Murió demasiado pronto: si hubiera vivido un poco de tiempo más, hubiera podido convertirse en un personaje de importancia en la gran invasión de mesas espiritistas que invadió Europa, unos pocos años después.

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Fuentes:


Lea también…

“De conferencistas sobre Electricidad, magos, mediums, y charlatanes, en los primeros tiempos de la radio”., en este mismo blog.

 

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