“Sesión de Radio”. E. Balder (España, c. 1931).

Eugenio Balderraín Santamaría, “Balder”, (Madrid, 1878-1964). (Foto crédito).

Eugenio Balderraín Santamaría, (Madrid, 1878-1964) fue un ventrílocuo, humorista español. Alcanzó una notable popularidad en su tiempo, haciendo uso de su seudónimo Balder. Creó muñecos de gran arraigo en el público, como Doña Cañerías, Gaonilla, Kiriko y Cleto. ¹

Fue un revolucionador del género. El primero en afeitarse el bigotazo con que los precursores—Juliano, Sanz…—cubrían la boca para disimular la pronunciación de consonantes labiales.

Surgió Balder en el primer cuarto del presente siglo, en plena lucha de lo mecánico y lo humano.

Balder fabricaba por sí mismo, en un semisótano de la calle de la Cruz, variantes de la “compañía” tradicional: “Cleto”, “Doña Cañerías”, “Gaonilla”—torerillo diminuto, de irresistible comicidad—, el modisto (aún no eran académicamente “modistas”) “Serapio Florido”, los flamencos fúnebres “Melancolías” y “Tristezas”, el indiscreto “Luisito Kíriki”, cabezota y orgulloso de ser “gurriato”, por haber nacido en El Escorial, y que constituye el precursor del “Jaimitismo”, antes de ser “inventado” el terrible “Jaimito”… Con los que llegó a actuar en casas aristocráticas e incluso ante personas reales. 

Los muñecos del ventrílocuo Eugenio Balder. Tarjeta postal.

[…] De la evocación de Eugenio Balder, […] llegan ecos de un Madrid todavía
provinciano, con albores de gran metrópoli cosmopolita, recolector de gentes y costumbres de una Europa que escapaba a los estragos de la primera gran guerra, reñida para asegurar la paz eternamente.

En 1909, Eugenio Balder marchó a Argentina, donde pasó varios años, consiguió importantes éxitos y publicó un tratado de ventriloquía. Su estancia en Argentina le inspiró para crear con autómatas, hacia 1930, la simpática Orquesta Criolla Madrid – Buenos Aires, que se unió a otras formaciones musicales de su invención, como los flamencos fúnebres, el cantaor el Niño de las Melancolías y su guitarrista, el Niño de las Tristezas, y un grupo de baturros que cantaba jotas. (Fuente).

Con noches “de gala” en los jardines del Retiro, chirriar de arenillas en torno al templete central de la música, donde tocaban “piezas selectas” la recién formada Banda Municipal—dirigida por Ricardo Villa—o la del Regimiento de Ingenieros, bajo la batuta de Pascual Marquina, autor de ese “España cañí” que se adelantó a todas las costas soleadas nacionales en la eficaz propaganda de nuestra Patria.

Había tenderetes verbeneros, pista de patinaje- -“skating” le decían—. escenario en el que actuaban excelentes compañías españolas de zarzuela y extranjeras de opereta. (¿No fue allí el estreno absoluto de “Eva”, con una tiple cómica, Yanka Champliska, que hizo furor entre los pollos “bien” y los maduros “regular”?) Intercalados, programas de variedades: Salud Ruiz, Carmen Flores, Pepe Medina, don Jenaro, “El Feo”… Y Eugenio Balder, contestando. apabullante, las meditadas interrupciones del juvenil auditorio, para quien constituía poderoso aliciente ver si el vivo ingenio del vasco injerto en madrileño—Balderráin era el apellido que figura al frente de su manual de ventriloquia—encontraba o no la réplica certera instantánea. Que, invariablemente, sí.

Ya no hay ventrílocuos populares. Ni variedades. Ni jardines del Retiro. ²  


El investigador e historiador de la Radioafición española, Don Isidoro Ruiz-Ramos, EA4DO, posee en su colección, un valioso disco de gramófono, que compró su abuelo y que conserva por herencia como tesoro y reliquia.

Se trata de un disco de gramófono, de pasta, de 78 R.P.M.  que contiene de un lado “¡Pobre Celedonio–!” : oración fúnebre : recitado ; y del otro, “Sesión de radio” : cómico. ³ 

Con el advenimiento y adquisición de los aparatos en el hogar, la radiofonía se popularizó definitivamente. Fue, también, en los tiempos de vanguardia histórica de la radiotelefonía, momento oportuno para parodias de tono humorístico, como las que se grabaron en disco y en de las que Eugenio Balder es un ejemplo.

Hasta los años 50, apenas quedan documentos sonoros. Hacia 1931, año en que se graba este disco, la radio era una mezcla de música popular, variedades y  publicidad (que ya había aparecido como recurso necesario para su propia existencia, a mediados de los años 1920). E. Balder realiza así una parodia de cómo sonaba la radio.

“Sesión de Radio”, disco de pasta, 78 RPM, grabado en San Sebastián en 1931, por la Columbia Gramophone Company.


Fuentes y agradecimiento:


Más:

La radio en la vanguardia histórica española (1919-1952)

La radio en la vanguardia histórica española (1919-1952). Programa del 12 de abril de 2014“Radiofonías” en Radio Clásica, RNE, España, presentado por Ana Vega Toscano, que dedicó su emisión al trabajo de investigación del Laboratorio de Creaciones Intermedia, sobre la radio en la vanguardia histórica española.

El programa incluye una entrevista a Miguel Molina Alarcón, artista e investigador responsable del proyecto, junto a la escucha de algunos resultados de la investigación del Laboratorio de Creaciones Intermedia (Universitat Politècnica de Valencia), correspondiente a un proyecto I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación (ref. HAR2008-04687) Con obras de: Juan Larrea, Eugenio Balder, Jardiel Poncela, Federico García Lorca, Julio Camba, Ramón Gómez de la Serna, Joaquín Turina, Pepe Iglesias “El Zorro”, Tip y Top, y Cura Castillejo. Adaptaciones radiofónicas de La Sonidera, Laura Romero (Radioimaginamos.es) y José Ruanco, Franco Pellini-Adolfo Nuñez, Ximo Ortega-LCI, Miguel Molina-Stefano Scarani, y con documentos sonoros originales de varios de los autores, a destacar una grabación inédita de Ramón Gómez de la Serna, improvisando frente al micrófono en unas pruebas de sonido de una sesión radiofónica de la época.

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2 respuestas a “Sesión de Radio”. E. Balder (España, c. 1931).

  1. Agradezco mucho, Horacio, el trabajo de investigación realizado en torno al disco de Balder que compró mi abuelo, y como curiosidad me gustaría aprovechar esta oportunidad para explicar uno de los viejos anuncios publicitarios incluidos al final de la grabación, pues casi 100 años después no pueden comprenderlo las nuevas generaciones.
    Me refiero concretamente al de “Compre calcetines Coliflor, que aunque van al huevo no van con tomate”
    En aquél tiempo y durante muchas décadas después, en España, al agujero que se producía en el calcetín por su uso continuado se le llamaba popularmente “tomate” y para repararlo había que zurcirlo como procedimiento de costura. Con la finalidad de hacerlo más fácilmente fue costumbre introducir un “huevo” de madera que se ponía bajo el “tomate” sobrehilándolo encima para crear así el nuevo tejido. Por lo que aquellos calcetines… “aunque van al huevo… no van con tomate”, al ser nuevos.
    Con mis más cordiales 73, Isidoro Ruiz-Ramos/EA4DO

  2. Gracias Isidoro por tu contribución permanente a la historia de la Radio, en particular la radio y la radioafición española. Es graciosa la explicación de los Calcetines Coliflor. En Uruguay, el agujero que se produce en el calcetín, por su uso continuado, noes tomate, pero sí anda cerca: es “papa” (patata, como le llaman Uds.). 73 Horacio Nigro Geolkiewsky, CX3BZ

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