“El Fin de los Libros”. (Octave Uzanne, 1894).

Louis Octave Uzanne,(Auxerre, 14 de setiembre de 1851​ – Saint-Cloud, 31 de octubre​ de 1931​) fue un periodista, editor y escritor francés. (Fuente).

El fin de los libros ha sido declarado muchas veces.

Más de un siglo antes de la invención del libro electrónico y el ascenso meteórico del audiolibro y el podcast, el apasionado bibliófilo francés Octave Uzanne (1851-1931) escribió una historia, inspirada en los rápidos avances en la tecnología fonográfica, imaginando cómo podría desaparecer el texto impreso.

La premisa de “El Fin de los Libros” es eminentemente victoriana. Un viernes por la noche a principios de la década de 1890, un grupo de hombres caminaba de regreso   a sus respectivas casas, juntos, despues de haber asistido a una charla dada por William Thomson en el Royal Institute de Londres.

Inspirados después de escuchar al famoso físico explicar que el fin del mundo era “matemáticamente seguro y que ocurriría exactamente en diez millones de años” (basado en cálculos sobre el enfriamiento gradual del Sol), estos “filólogos, historiadores, periodistas, estadísticos y hombres simplemente interesados en las cosas del mundo​​”, proceden a discurrir poéticamente sobre sus propias teorías sobre el futuro, que van desde el pronunciamiento de un crítico de arte de que los museos pronto serán incinerados hasta el suelo”, hasta la naturalista afirmación de que se tomarán todos los nutrientes “en forma de polvos, jarabes, gránulos y galletas”.

A uno de estos hombres, llamado Bibliófilo, se le pregunta su opinión sobre el futuro de los libros. Él responde lo siguiente:

Si por los libros debe entenderse lo que se refiere a nuestras innumerables colecciones de papel, impresas, cosidas y encuadernadas con una portada que anuncia el título de la obra, francamente le confieso que no creo (y el progreso de la Electricidad y la Mecánica moderna me lo prohíbe creer), que la invención de Gutenberg tarde o temprano caerá en el desuso, como un medio de interpretación actual de nuestros productos mentales.

La imprenta, -continúa- está amenazada de muerte por los diversos dispositivos para registrar el sonido que se han inventado recientemente y que, poco a poco, se irán perfeccionando”.

Este reclamo causa revuelo entre los eruditos interlocutores de Bibliófilo, quienes le suplican que explique lo que quiere decir.

Me afirmo –continúa- en este hecho incontestable:

El hombre de ocio se vuelve cada vez más reacio a sufrir fatiga; quien busca ansiosamente lo que llama ‘lo cómodo’. Es decir, por todos los medios, evitar el cansancio de sus órganos”.

Considerando que la lectura es un relativo esfuerzo para los ojos, el cerebro y el resto del cuerpo, (que es forzado por el acto de leer a “varias actitudes fatigantes”), predice que:

todos los materiales impresos pronto serán reemplazados por material grabado sonoro. Los autores se convertirán en “narradores” o “cuentistas”. Los periodistas se convertirán en locutores; las entrevistas y los discursos se grabarán en fonógrafos para ser reproducidos por el público más tarde.

La visión de Bibliófilo, del futuro sin libros, es de alguna manera profética. La radio, y más recientemente los podcasts y audiolibros, compiten en popularidad con sus equivalentes impresos. Aunque no parecen estar aún prontos para reemplazar el texto por completo.

Lo que Uzanne y su bibliófilo no prevén, es el surgimiento de la cultura visual en el siglo XX: la evolución del cine, la televisión e Internet, donde imágenes de todo tipo invaden nuestras pantallas.

De hecho, la versión de Bibliófilo sobre el futuro, es encantadoramente análoga: huele más a steampunk que a Philip K. Dick

La fonografía del futuro estará al servicio de nuestros nietos en todas las ocasiones de la vida. Cada mesa de restaurante contará con su colección fonográfica; los vagones públicos, las salas de espera, los camarotes de los barcos de vapor, los pasillos y las cámaras de los hoteles contendrán fonografías para uso de los viajeros. Los ferrocarriles reemplazarán el vagón de la sala por una especie de biblioteca de circulación Pullman, lo que hará que los viajeros olviden el cansancio del camino mientras dejan sus ojos libres para admirar los paisajes por los que pasan.

Es curioso considerar que la nueva tecnología de poder grabar y reproducir sonido hizo que Uzanne pensara que los libros pronto serían cosa del pasado.

Quizás sus predicciones nefastas sobre el final de los libros pueden ayudarnos a poner en perspectiva predicciones también nefastas más recientes. El audio y el video pueden tomar parte del tiempo que de otro modo lo utilizaríamos leyendo.

Sin embargo, la tecnología del libro siempre parece prevalecer. Obviamente, era un libro justamente lo que Uzanne estaba escribiendo, pero incluso hoy, vive y lucha obstinadamente.

Estas son los grabados realizados por Albert Robida, ilustrador, grabador, caricaturista, novelista y futurólogo francés, para este texto de Uzanne, publicado con el título“The End of Books”, en Scribner’s Magazine, Vol. 16 (julio–diciembre de 1894), 221–231.

“El autor registrando su voz en la Oficina de Patentes, para prevenir la copia no autorizada”.

“La encuadernación del futuro”.

“El autor haciendo cilindros de sus propios trabajos”.

“Manufacturando libros”.

“Una voz desde Escocia”.

“La biblioteca automática”.

“Literatura fonográfica para el paseo”.

“El autor promoviendo sus obras”.

“Leyendo en el vagón”. (“Biblioteca Pullman Circulante”).

“El Romance del Futuro. (Con Ilustraciones Kinetoscópicas)”.

“Inminentes enfermedades del oído”.

“Salas de Edición del Periódico Fonográfico del Futuro. (Dictando Cilindros de Noticias)”.

La versión web y los libros electrónicas (ePub, Kindle), en el original en inglés, pueden verse y descargarse aquí. 


Fuente:

  • Octave Uzanne’s “The End of Books” (1894)  en The Public Domain Review”. Texto ha sido traducido y adaptado de esa página, al igual que las imagenes, para realizar esta entrada en “La Galena del Sur”, por Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS.
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