“Las Noches de Ortega”. Cadena SER, España. Tres desopilantes episodios.

Juan Carlos Ortega Moreno (n. Barcelona; 18 de diciembre de 1968) es un humorista español que ejerce su profesión en radio, televisión y prensa.

En la Cadena SER, tiene un espacio llamado “Las noches de Ortega”, dentro de la programación de Oh! My LOL.

Ayudándose de sus propias voces, entrevista, dialoga y reflexiona con seres aparentemente reales y sencillos.

En 2016 se le concedió el Premio Ondas por su trayectoria profesional. ¹

El estilo de Ortega y colaboradores, raya en lo surrealista, y el propio presentador lo define de esta manera: “una parodia a los programas nocturnos, de llamadas y búsqueda de compañía, en los que el locutor vanidoso es como el salvador de todo”. “Será como un Hablar por Hablar pero dirigido por alguien sin sentido común, al que los oyentes que llaman están locos”, asume. ² 

En los siguientes tres episodios, elegidos arbitrariamente por LGdS  y de distintas fechas, se puede apreciar la manera en que con un humor especial, realiza una parodia de los lugares comunes que identifican a los programas radiales de la madrugada. Espacios que con la conducción de un hábil conductor, han estado orientados a esa audiencia insomne, con mensajes directos y recogiendo llamadas de los propios oyentes. 

“La Radio”, emitido el 10 de marzo de 2018.

 

“Con sentido metafórico”. Programa 16 de la primera temporada.  (1×16 ) , emitido el 3 de julio de 2015.

 

“La Seducción”, emitido el 30 de octubre de 2015.

 

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Plaza Sésamo: Los marcianos descubren una radio.

Plaza Sésamo es una serie de televisión educativa, adaptada de Sesame Street y destinada al público en edad primaria de América Latina. Pionera en la televisión educativa contemporánea, este se convierte en la serie educativa más popular de todos los tiempos, la serie se empezó a transmitir en la televisión por primera vez en el año 1972 ¹

Los marcianos, a veces llamados “los Yip-Yips”, son visitantes interplanetarios, supuestamente del planeta Marte, que están aterrorizados por cosas como relojes, teléfonos y computadoras en Plaza Sésamo. Raramente se encuentran cara a cara con otros personajes en el programa.

En sus sketches, estas criaturas, con tentáculos de calamar, ojos grandes y antenas, se materializan en una habitación y conversan entre sí en su lengua materna: “Yip-yip-yip-yip … Uh-huh. Uh- eh“, hecho en voces monótonas. A menudo se topan con objetos comunes y, curiosos en cuanto a sus nombres y funciones, los marcianos consultarán un libro que supuestamente contiene información sobre cosas en la Tierra, aunque a veces hacen varias conjeturas incorrectas basadas en su libro. En una obra de teatro, por ejemplo, los marcianos llaman a una computadora una televisión y una máquina de escribir antes de decidir qué es en realidad.

Múltiples intérpretes se han enfrentado a los personajes, incluidos Jim Henson, Frank Oz, Jerry Nelson, Richard Hunt, Camille Bonora, Martin P. Robinson, Kevin Clash, David Rudman, Julianne Buescher, John Tartaglia, Eric Jacobson, Matt Vogel, Leslie Carrara. Rudolph, Stephanie D’Abruzzo y Warrick Brownlow-Pike.

Debutaron en 1971 y los primeros títeres eran originalmente sombreros de chenille, adaptados por Caroly Wilcox. ²

En este episodo, el Nº 1449 de la 12ª temporada, emitido en noviembre 27 de 1980,  los marcianos, descubren una radio. Sintonizan tres estilos diferentes de música, ninguno de los cuales les gusta. Luego sintonizan un poco de estática, con la que comienzan a bailar alegremente. ³

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“Solfa Maligna”. Waldemar Prömmel, (Argentina, 1927).

Hacia 1927, al cumplirse el quinquenio y en el florecimiento del nuevo medio, la Radiotelefonía, ya alcanzada suficiente pero siempre creciente popularidad, con la consolidación de una  audiencia fiel y estable, habrá de generar las primeras críticas en cuanto a una crisis ético y moral en los contenidos programáticos, donde la discutible calidad  que estaban ofreciendo en ese momento las “broadcastings” es puesta en evidencia.

Se transcribe un comentario aparecido en marzo de 1927, la Revista Telegráfica, con la firma de Waldemar Prömmel.

Las llamadas “LO”, letras distintivas -en ese momento- de las estaciones de radiodifusión en Argentina, con contenidos chabacanos amparados en criterios comerciales, merecen, a juicio de este comentarista, una reacción ante el evidente menoscabo de valores éticos y sociales.

(Nota: las ilustraciones son contemporáneas de la prensa de aquellos años, aunque meramente referenciales).

Desde más de un quinquenio evoluciona entre nosotros el broadcasting; bien puede hacerse, pues, un pequeño balance para conocer el saldo líquido que haya dejado en pro o en contra del progreso y cultura nacionales.

Si — como consta desde luego —ingentes fueron los esfuerzos de nuestras L.O., es inegable que los del pueblo fueron mucho mayores, porque a éste le guía un ideal estético y científico, y a aquéllas un interés. Pero por infortunio, el interés es siempre corruptor en algún sentido o dirección, sin el norte de algún ideal, y sin la guía de un sentimiento superior, cuya falta lo lleva a la quiebra moral o material.

A la larga, el interés queda sin satisfacer; y la amplia estela que deja, es de pura negación.

Parece que se sufriera de una gran confusión de conceptos — disculpables si se quiere al principio de una tan sorprendente innovación como lo fue la radio, en la liberación general humana. Pero no hoy, pasado el primer estupor, y generalizada la nueva conquista del saber.

Como primer concepto falso conviene señalar la creencia de ser la música, casi con exclusividad materia de difusión, como si nada más que música hubiera producido el ingenio humano ascendente. La venganza del error no pudo demorar, y siendo la más inferior de todas las artes, por dirigirse en hombres y animales directamente al sentimiento, sin antes pasar por el filtro del entendimiento, arrastró bien pronto en su decadencia a la poesía.

Parece haberse creído que en música no hay gradaciones de calidad, y ya lejos del clasicismo, se echó manos cada vez más de lo inferior, primero irritante, y luego chocante para llegar hoy a lo directamente reprochable.

Las manifestaciones primitivas — malsanamente pasionales — del arrabal; los lagrimones de los malevos lloricones, los lamentos de mesalinas en preparación, el sensualismo africano, no pueden pasar por música ni engalanarse de poesía; y siendo mayormente importados, izan nuestra bandera nacional a pura traición, como si no se supiera que en la limpia alma nacional no tienen cabida tales impurezas, ni la ruindad, ni la perversión ni la lujuria, por ser esta alma nacional esencialmente limpia en su origen ético, histórico y social.

El interés del aviso — muy aceptable, útil y agradable dentro de una mesura normal — y que parece ser causa directa de tan grande desvarío, no debe seguir cobijando tanto desacierto. Además, se equivoca grandemente, porque el dial tan fácilmente rotatorio, pasa con repulsión encima de lo antiestético, en persecución del eterno ideal y de lo eternamente bello.

La muchedumbre, buscada por tal medio ruin, da la espalda al aviso; y aún si así no fuera: en nuestra injusta organización social, esa misma muchedumbre carece de poder adquisitivo, que permanece siempre con la clase media y la superior, que tanto sufren bajo la imposición de todo lo bajo e inferior, destinado para halagar populachos. La especulación del interés, pues, sobre el populacho, resulta perdedora y errónea.

Pero además de esto, y tras de estar la sociedad en gran deuda para con el pueblo — se comete una nueva injusticia con él, reteniéndole lo bueno y lo superior, para servirle al por mayor un manjar sentimental falso y putrefacto.

Es en nuestro tiempo moderno la segunda instancia, — siendo el cinematógrafo la primera — que por un muy subalterno afán de halagar, se quita a una exquisita invención su gran educador, y la posibilidad de mejorar; está bien para pueblos faltos de toda emotividad; pero está muy mal para el nuestro.

Si los directores artísticos vieran el empeñoso afán, con que el buen pueblo acepta, asimila y agradece todo lo bueno y superior, que alguna vez quieran brindarle, tengo por cierto que no se empecinarían de persistir con tanta exageración en lo vulgar, ordinario, inferior y pernicioso, negándole al pueblo la cultura de corazón y de espíritu.

Ello nos resulta de una injusticia clara, mezclada de sordidez reprochable, porque quieren obligarlo a bañar su alma a diario en un charco de todo lo bajo, de todo lo exótico y de todo lo vil, sin distingo, examen ni criterio. Se olvida que la misma libertad del aire obliga a una severa disciplina propia: se olvida que no hay derecho, so pretexto de halagar a los más, hacer insistentemente obra irritantemente antiestética, y por lo comprometedora, antinacional; y se olvida que los preceptos de la moral y de la belleza — ya sean escritos o no —son eternamente fijos, invariables y duros en todas partes, en toda ocasión y entre todas gentes.

¿Se desengañarán? ¿No se desengañarán? No es posible saberlo, pero es de esperar que la ciencia no les ha de entrar recién por el bolsillo; y con ella el respeto que se merecen en nuestra vida de relación los hombres y las cosas; el respeto que se merece la mujer y el niño, y finalmente el respeto que se merece la Nación, cuyo prestigio intelectual, artístico y sentimental comprometen de manera muy grande en todo nuestro continente, ante quienes están facultados para juzgarlo.

Prescíndase pues, en buena hora, del morbus de esta solfa indigna y maligna, en favor de la calidad; prescíndase de pseudo-música y de quejidos primitivos sobre instrumentos más primitivos aún, en favor de la palabra hablada: el único medio humano distintamente propio, de comunicación y de progreso tan necesario aquí como en cualquier parte, y que al cabo de cuentas, cuesta menos sin irritar tanto al gran auditorio invisible, muy  indignado ya por tanta innoble prepotencia, y cuya impaciencia activa no conviene a nadie seguir provocando. 

Waldemar Prömmel, Jaramillo 2330, Buenos Aires.

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“Kate: Un romance electromecánico”, Charles Barnard (EE.UU.,1875).

Se ve seguidamente, una ilustración del cuento corto de Charles Barnard de 1875 “Kate: Un romance electromecánico”. En esta escena, Kate y John están instalando una línea de telégrafo privado para sus comunicaciones amorosas,  utilizando cables abandonados.

“Kate desenrollaba el hilo telegráfico, mientras él lo subía en el poste”.

La introducción del teléfono, haría su entrada en la sociedad estadounidense (y prontamente a nivel global), recién en la siguiente generación. Pero, mientras tanto, sus vidas estaban entrelazadas por líneas telegráficas.

La historia de este cuento, es una pieza literaria que se parece un poco a un manual técnico ampliado. Barnard comienza con las palabras, “Ella es una belleza”. Pero su Ella es una locomotora, y  le canta con entusiasmo: “Una mezcla de gracia y poder, ella se manifestaba con instinto vital, a medida que se detenía en su vuelo sin aliento”.

En la parte superior aparece en puntos y rayas, los sonidos del Código Morse para el nombre… K-A-T-E.


Entonces conocemos a Kate. Ella es una operadora de telégrafo en la estación de ferrocarril. Sale todos los días a saludar el encuentro de John, el maquinista de la locomotora. Él la ve, luego vuelve a su puesto de motorman.

El medidor de vapor tiembla a 120 ° y se eleva rápidamente a 125 °. El enorme motor tiembla y palpita a medida que avanza”.

Kate le enseña a John a anunciar su llegada a la estación haciendo sonar con el silbato su nombre en el código Morse: K-A-T-E.

Todos los días, durante un tiempo, escuchará el llamado en Código Morse, para salir corriendo al encuentro del tren, al que se subirá a bordo, en la estación, para reunirse con él.

Pero temen que su secreto sea descubierto. Entonces Kate idea un nuevo medio para que John anuncie su llegada. Inventa un dispositivo de aviso mediante el cual, cuando el tren se aproxime, a cierta altura antes de llegar a la estación, cortocircuite con las ruedas, un lazo de cable tendido en el suelo. Ello, hará sonar una campana en su oficina. Esto implica un considerable brío inventivo: Kate construirá su propia batería usando un frasco de pepinillos. Su sistema funciona.

Entonces, una noche, suena la campana en el momento equivocado. John se dirige a una colisión y él no lo sabe. Kate encuentra una linterna, intercepta el tren y lo salva. Ella y John son los héroes y su historia termina con esta florida frase final: “Las estrellas del invierno brillaban sobre ellos, y la noche fría y calmada parecía un paraíso”.

Barnard fue un escritor prolífico, prácticamente olvidado hoy. Le gustaba la tecnología y escribió con atractiva prosa. Reflejó un mundo donde las nuevas tecnologías, representadas por  la velocidad, el poder del vapor y la comunicación contuvieron nuestros corazones.

El pasado se nos abre por un momento cuando Barnard escribe: “¡Qué perfecto es todo! … Desde el acelerador equilibrado hasta el freno de aire … treinta y cinco toneladas de energía encadenada … expresión perfecta del más alto arte mecánico. ¹
 


Fuente

  • History of Engineering and Technology, mantenido por el IEEE History Center, EE.UU.
  • ¹Kate in Code, Engines of Ingenuity, por John Lienhard,  College of Engineering, Universidad de Houston, EE.UU. Texto traducido y adaptado por LGdS.
  • C. Barnard,  ” __ __    __    __      : An Electro-Mechanical Romance”. Century Magazine, May, 1875. pp. 37-46. El cuento de Barnard, en inglés,  está accesible en este enlace.
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“Deléitese con una Radiola”. Aviso publicitario. (1927).


Fuente:

  • Revista Telegráfica, Buenos Aires, Argentina, marzo de 1927.
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“La radio: símbolo de adaptación a todos los ambientes. Condensación de una época y de una sensibilidad”. Oscar Falchetti, Uruguay. (El Cóndor, 1935).

La revista El Cóndor, de la que se conoce un sólo número, publicado en línea en la Biblioteca Digital Anáforas,  se proclamó editorialmente en su primera edición.  como: “La revista de los barrios”

Somos -escribía- representantes casi simbólicos ya, de los ambientes modestos.

Contemplamos por igual la indigencia y el progreso.

Con la misma energía de voz con la que lanzamos nuestra protesta airada frente a los cuadros dolorosos de los niños que deambulan, macilentos y vencidos, implorando temblorosos la caridad humana.

Con la misma firmeza con que fustigamos los vicios vergonzosos y los prejuicios esclavizantes, con el mismo entusiasmo, con idéntica altivez, “CONDOR” exaltará en sus páginas todo símbolo de progreso y de actividad, toda expresión de vida moderna.

Es en ese sentido que nuestra pluma, sin alardes pomposos, se convertirá de hecho en defensa celosa de esos titanes de la vida diaria que llevan sobre sí la responsabilidad de una época de avance y de trasformaciones fecundas… ¹

En la página 5 de esta publicación, y con la firma del periodista Oscar Falchetti se publicó esta semblanza de la Radio, que se reproduce a continuación. (Cliquée en la imagen para visualizarla a mayor tamaño en una nueva pestaña de su navegador).

 


Oscar Falchetti, nacido en Minas, Lavalleja en 1916, y fallecido en 1996, en Tegucigalpa, Honduras,  fue un periodista y diplomático uruguayo.

Fue galardonado en 1976 con el Premio Internacional de Literatura instituido en Baeza (España) para perpetuar la memoria del poeta y republicano Antonio Machado. En ese año Falchetti se encontraba radicado en Tegucigalpa (Honduras).

En Honduras, que fue su segunda patria, Falchetti mantuvo por muchos años su columna “América al trasluz”, que publicó primero en el diario “La Prensa” y después en “La Tribuna”, además de libros y numerosos artículos y reportajes más, en esas y otras publicaciones hondureñas.

En 1985 fue nombrado agregado cultural de la embajada de Uruguay en Honduras, y fue miembro de varias organizaciones periodísticas y culturales de ese país centroamericano y asesor cultural de la municipalidad de Tegucigalpa.

Según el ex embajador uruguayo en Honduras, luego representante en Guatemala, Alfredo Menini Terra, Falchetti fue director de algunas radioemisoras y escribió en periódicos de Montevideo.

Originario de Minas, departamento de Lavalleja, Falchetti llegó muy joven a Montevideo para estudiar Derecho, pero después se apasionó por el periodismo.

En 1950 fue jefe de propaganda del entonces candidato a la presidencia del Uruguay, por el Partido Colorado,  Eduardo Blanco Acevedo. ²


Fuentes consultadas:

  • “El Cóndor”, Nº 1, Montevideo, Uruguay, 1935, digitalizado en Anáforas, Facultad de Información y Comunicación – Instituto de Comunicación | Seminario de Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación.
  • “Murió Óscar Falchetti, periodista y diplomático”, versión en web caché de Google de “La Nación”, San José Costa Rica, 1º de febrero de 1996.
  • “Minas, dos siglos de historia”, Aníbal Barrios Pintos, en línea.
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Miguel Aceves Mejía en Uruguay. Presentación en “Senda de Estrellas”, CX16 Radio Carve (18 de julio de 1956).

En Uruguay, el más famoso cantante mexicano por los años 50´s y 60´s fue sin duda Miguel Aceves Mejía. Ni Pedro Infante ni Jorge Negrete alcanzaban la popularidad que el “Rey del falsete” tenía en el pequeño país del Plata. La explicación de este fenómeno de popularidad se debía a que la esposa de Aceves Mejía, Rita Martínez, era argentina y el cantante iba con frecuencia a ese país a diversas presentaciones acompañadas siempre de un gran éxito. Llegó incluso a tener una buena amistad con el entonces presidente argentino Juan Domingo Perón.

En una oportunidad cruza el Río de la Plata y emprende una pequeña gira por Montevideo y Salto, ciudad al noroeste de Uruguay. En un avión DC 3 parte de Montevideo a Salto haciendo una escala técnica en Tacuarembó, departamento del centro del país. La gente de Tacuarembó se enteró de esta escala donde viajaba Aceves Mejía y se aglomeró en la pista de pasto donde bajaría el avión para solicitarle al cantante mexicano que les interpretara alguna canción. Miguel, en una demostración de sencillez y cariño por el público uruguayo se bajó del avión con su mariachi y a la sombra de una de las alas de la aeronave, sin micrófono y al aire libre deleitó con su voz a los cientos de asistentes que agradecieron con gritos y aplausos las canciones del cantante nacido en Chihuahua. ¹

“Coca-Cola, deliciosa y refrescante, presenta en Carve: ¡Sendas de estrellas!”.

La inconfundible voz del locutor Julio Cabot anunciaba así el inicio del primer programa de un ciclo que, con el tiempo, se convertiría en un clásico de la radiofonía uruguaya.

Era el año 1947 y los oyentes de CX16 Radio Carve no imaginaban entonces que aquella emisión pionera abriría la puerta a una serie de audiciones que los acompañaría durante los siguientes 15 años.

Dos años antes, la Segunda Guerra Mundial había llegado a su fin y los boletines informativos radiales comenzaron a dar lugar a programas de entretenimientos.

Coca-Cola, que ya se había convertido en la bebida preferida de los uruguayos, decidió apostar por un programa musical de jerarquía. Con el objetivo de que el público pudiera acercarse a sus artistas preferidos, la Compañía apoyó el programa, lo que permitió que se pudieran contratar figuras reconocidas del espectáculo y que sus presentaciones fueran en vivo. De esta manera, se alternaban actuaciones entre la fonoplatea de Carve y los clubes sociales con salas amplias.

Libertad Lamarque en el auditorio de Radio Carve, en el subsuelo del Palacio Díaz de la Avenida 18 de Julio, en Montevideo, (Uruguay. Programa Senda de Estrellas, 1956. (Foto: colección Eduardo Caetano).

Libertad Lamarque, Alberto Castillo, Mariano Mores, Tita Merello y Alfonso Ortíz Tirado, fueron algunos de los artistas rioplatenses que pasaron por “Senda de estrellas” durante el tiempo que duró la emisión. También desfilaron figuras como Luis Sandrini, Nini Marshall y Wimpi, y glorias internacionales como “Los Plateros” y Josephine Baker, entre otros.

Según se pudo averiguar […], lamentablemente, la mayoría de los registros de aquella época se destruyeron en un incendio que afectó a Radio Carve y arrasó con los archivos. ²

Julio Cabot, voz de la emisora en las actuaciones en fonoplatea.

Aquí se puede escuchar un extracto de la presentación de Miguel Aceves Mejía, el 18 de julio de 1956,  en CX16 Radio Carve, de Montevideo, Uruguay. Programa “Senda de Estrellas”, auspiciado por Montevideo Refrescos S.A., embotelladora de Coca-Cola. Con la conducción de los locutores y presentadores Julio Cabot, y la Sra. Amalia Iturbe.

Interpretación de los temas: Tres Consejos – Huapango – (Ruben Fuentes), Ella- Canción ranchera , El Perico Loro – Solo por el Mariachi Vargas de Tecalitlán, A los cuatro vientos (Tomás Mendez), La Verdolaga, Gorrioncillo Pecho Amarillo (Tomás Mendez). (Archivo “Emib Suárez Silvera, Radio Carve”, LGdS). 

 

 


Fuentes consultadas y citadas:

Agradecimiento

 

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